Sandra Elizabeth Durán Peña


SERÉ TODA TUYA Y PARA SIEMPRE TUYA  CC 1, 125

    Nací en 1985 en Ilobazco Cabañas, El Salvador, dentro de un hogar cristiano, humilde siendo ellos del campo.

al nacer

Mi mamá me contó, que cuando yo nací y ella me tuvo en sus brazos dijo: “ella no es nuestra”, y desde ese momento me ofreció a Dios, para que Él me tomara para sí.

aprendí de mis abuelos

Mi infancia la viví en un ambiente social difícil pues el país estuvo en guerra civil por 10 años. Mis padres emigraron a los Estados Unidos en búsqueda de mejores condiciones para el futuro y yo a los cuatro años me quedé con mis abuelos y tíos en el campo, cuidando vacas y jugando a correr e ir a los ríos. En ese tiempo que viví con mis abuelos, y fui aprendiendo de ellos el amor a Dios y a María, ya que mi Papá Luis me enseñó el rezo del rosario todos los días al amanecer y el otro al finalizar el día; con mi mamá Elena, Ella me llevaba a la capilla en el mes de mayo y octubre a ofrecer flores a María. También tuve contacto con sacerdotes, seminaristas, religiosas, ya que en casa de ellos iban a comer o descansar.

quería conocerlo y amarlo más

A mis ocho años recibí por primera vez a Jesús Eucaristía, en ese día todos los niños llevábamos nuestra carta a Jesús, yo solo recuerdo que le pedí que quería conocerlo y amarlo más. En mi otra mano llevaba una rosa que ofrecí a María, fue un día de alegría.

yo cuento con Él

Cuando cumplí diez años, pertenecí al grupo de la parroquia: “Infancia y Adolescencia Misionera” (I.A.M) al tomar la cruz me dijeron: “Cristo cuenta contigo” y yo respondí: “Y yo cuento con Él” Estas palabras fueron tocando mi corazón, y solo quería darle una respuesta con mi vida a Jesús.

ser misionera

En este grupo fue donde Jesús me fue llamando y pude ir descubriendo su voz gracias a los sacerdotes que nos guiaban. Aprendimos a ofrecer todo por las misiones y recibíamos cartas de los niños de otros países como Argentina, Chile y Puerto Rico, etc. Entonces yo comencé a decir que sería misionera.

mi cabello largo

A los 18 años, estando en un retiro, frente a una fogata, escuché su llamada a seguirlo. Pero internamente me resistía porque tenía mi cabello muy largo y no quería cortarmelo. Busqué a un sacerdote para hablar mis inquietudes y Él me orientó.

misionera desde la oración

En el 2004 llegó a mi parroquia el p. Ivan García quien me acompañó en esos años de búsqueda. Yo no sabía que había muchos tipos de religiosas, pues sólo conocía las que iban a los encuentros de nuestro grupo juvenil, y el Padre me llevó a conocer a unas que respondieran a mis deseos misioneros pero como Santa Teresita. Su frase fue: ¡¡serás misionera desde la oración!!,  y me regaló una cruz muy distinta a las que yo conocía, en su centro tenía un corazón y sobre la cruz un Espíritu Santo, ahora sé que le llaman: cruz del apostolado. Y después me regaló el libro “Ante el Altar” (escrito por Conchita) diciéndome: “léelo y luego hablamos”.

llegué al Oasis

Ese mismo año, en octubre me llevó a conocerlas… llegamos al “Oasis” pues así le llaman a sus conventos… y me impresionó mucho que una religiosa estuviera de rodillas en su adoración, pero lo que más me impresionó fue la frase “POR ELLOS ME CONSAGRO”. Yo pregunté ¿a quién se refería esa frase? y el Padre me señaló hacia su persona y así comprendí que era por los sacerdotes. Platiqué con una hermana sobre mi inquietud de ser monjita, quien se alegró de que El Salvador diera frutos.

fui muchas veces para discernir

Inicié un proceso de discernimiento vocacional por medio de fichas de acompañamiento, para descubrir si allí era mi lugar… lo cual se fue confirmando. En noviembre fui a vivir unos días con ellas para conocerlas desde dentro y poder tomar una decisión. He de decir que allí encontré mi felicidad y quise responder a Jesús: “Sí, seré misionera desde la vida de oración y entrega, unida a Jesús… a favor de sus sacerdotes y el mundo entero.

llovía y llovía

Fue así que el 15 de agosto de 2007, día de la Solemnidad de María en su Asunción al cielo, que entré al convento de Costa Rica. Por cierto que al salir del Salvador estaba lloviendo y al llegar a Costa rica también llovía. Mi papá me dijo: “hija que seas una bendición”, me abrazó y me dio un beso.

Yo he encontrado en Jesús la alegría plena, te invito a que sigas buscando lo que a tu corazón de paz y felicidad, y si Él te llama dile “Sí”.

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